7 Octubre 2013
La dependencia emocional suele pasar desapercibida en las relaciones de pareja. Es frecuente que la necesidad del personaje (camuflado) en la conciencia ancestral, culpe al otro de los problemas entre la pareja. El amor, se ha vivido durante milenios, como un acto social de reproducción y de supervivencia. Esta pincelada ancestral, en la mente humana, aún hace estragos en nuestra sociedad moderna.
Por un lado, hombres y mujeres alcanzan libertades inexistentes de los (sus) antepasados. Por otro lado siguen sujetos a la estructura ancestral de pareja. La conciencia ancestral y la consciencia nueva entran en conflicto.
Sin ir más lejos en la historia, hasta mediados del XX, las parejas se casaban para tener una seguridad. Las mujeres quedaban sujetas a la crianza de los hijos, mientras el marido, seguía siendo el soporte económico familiar. Esta estructura antigua de pensamiento, y de conciencia ancestral, obligaba a los contrayentes, en la faceta del amor, a contratos de por vida. Y el amor se convertía, en uno y para siempre, hasta que la muerte los separara. Esta estructura tenía su razón de ser. La mujer apartada de la independencia económica, dependía de la economia que generaba el marido. Los contratos de por vida, aseguraban, el no caos social, bajo esa estructura piramidal y religiosa. Las mujeres y los hijos (los débiles) quedaban sujetos al poder del hombre, y su poder adquisitivo.
La consciencia social da un gran avance, y elimina esta estructura del "contrato de por vida". Elimina un amor pactado, para vivir un amor en la libertad de elección.
Antes de este avance, que empieza a fraguarse a mediados del siglo XX, los contrayentes que no obedecían a la estructura piramidal, eran desterrados de la sociedad, como seres indignos . La esposa siempre era la esposa. Si un hombre dejaba a su esposa, socialmente la nueva mujer, era tildada de la "otra"
la que había robado o usurpado un lugar que no le correspondía. El linchamiento social, con las criticas, la humillación y la burla fácil, eran una triste realidad. Era dificil que antes de los años, 50, 60 inclusive 70, las mujeres pensaran en divorciarse, la carga social era penosa (un linchamiento en pleno siglo XX).
Los hijos de parejas separados antes de estas décadas, eran vistos socialmente como niños o jóvenes en la marginación. La estructura piramidal de supervivencia, nunca contempló el amor, como una realidad, sino, como una necesidad a cubrir.
Alcanzado el siglo XXI, esta estructura, está aún, muy reforzada en las mentes humanas. A pesar de las libertades, de no suponer al hombre como la fuerza máxima en la riqueza familiar, sigue habiendo la idea ancestral, del amor de por vida. El avance de la consciencia y la multitud de parejas separadas, hacen que estas separaciones, no formen parte de la marginación social, sino, de un acto normal, entre seres que buscan el amor y la libertad de ser.
El miedo a perder la pareja, obedece a la inseguridad interior, a esa conciencia ancestral, donde hombre y mujer eran el sustento del clan familiar, el hombre como ser productivo y la mujer como ser reproductivo.
Hoy día, esta estructura está obsoleta. Pero no, la pincelada ancestral que aun habita en la mente y que genera el caos emocional.
En el cajón del pasado, habita el miedo a no tener pareja. Una sociedad basada en el clan y la supervivencia, no podía permitirse libertades. La libertad de un miembro, podía inducir a la reacción del resto de individuos, a querer sus libertades, y esto ponía en peligro, toda la estructura piramidal. De ahí que aquellos que lo hacían, fueran marginados socialmente.
Las mujeres dependían del hombre, el miedo a no tener un hombre, les suponía la desgracia de por vida. Ese miedo se ha ido heredando, de generación en generación, aún es vigente en gran parte de la sociedad moderna.
La evolución del ser humano, no se da de forma lineal, sino, por saltos de consciencia. En el cajón superior de la cómoda, está el pasado, la conciencia ancestral de supervivencia, el miedo a no tener pareja, (ello suponía a desgracia de por vida).
En el cajón central de la cómoda, la consciencia nueva. Hombre y mujer tienen derecho a vivir libremente el amor, y si este se agota, se rompe, muere, o por la razón que cada pareja encuentre, la separación es un camino de libertad para ambos.
Las separaciones van cubiertas, de exceso de culpabilidad, la culpa requiere un castigo. Es un caos interno, que se está dando en los tiempos actuales. Nadie es culpable de nada. Nadie es culpable de no querer para siempre a la otra persona. Las separaciones se viven con este miedo ancestral, que no corresponde a la consciencia moderna de la Nueva Era. Es frecuente, que muchas de las separaciones, se vivan como un fracaso. Este fracaso obedece a la conciencia ancestral. No hay fracaso en una separación, todo lo contrario, es un paso hacia adelante, en la libertad del ser.
Pero a menudo sucede, que muchas parejas separadas, piensen o crean esto: si les ha fallado una pareja, creen, que encontraran en la próxima pareja ese amor de por vida. Ese amor que no les falle.
Generalmente con estos pensamientos, que obedecen, a una estructura ancestral de supervivencia, lo que suele suceder, es que las parejas se separen una y otra vez, con la misma sensación de fracaso.
Hay un desplazamiento en el campo emocional. Mientras la consciencia empuja, a la libertad del ser en el amor, la conciencia ancestral, sujeta con el miedo, a un futuro inexistente.
Recordad, que el tiempo en la conciencia no es lineal, pero se ha vivido de forma lineal durante milenios.
La consciencia vive en el aquí y el ahora. No está sujeta a la supervivencia, sino a la VIDA.
La conciencia ancestral, (domesticada para la supervivencia), incorporó un factor falso pero efectivo.
El factor tiempo, y la necesidad de tener el futuro cubierto. La necesidad de una pareja de por vida, hacia que el tiempo de la juventud, fuera oro. Pasado cierto tiempo, era dificil y, más para la mujer, que su seguridad, se viera cubierta para el resto de su vida, con un hombre. Las relaciones se constituían más por la atracción física y el estatuo quo, que por la creación del amor entre ambos.
Esta pincelada de tiempo, aún permanece en gran parte de la sociedad moderna. No en la maternidad, que es un tema superado. La consciencia ha avanzando al punto, de no ver a los hijos como un sustento y una riqueza del clan. La consciencia, el avance de la mujer en las libertades, ha delegado la maternidad y los hijos como una elección libre, no una necesidad.
En cambio, en la faceta de la pareja, la inseguridad y el miedo ancestral, aun hacen estragos. El factor tiempo, es un factor camuflado, que aun rige miedos, en los estados del amor. Aunque a medida que avanza la consciencia se ven mas parejas de cierta edad.
El siglo XXI es determinante en este salto de consciencia. El amor dista mucho de un contrato de por vida. El amor se crea y se genera día a día, entre dos adultos que libremente deciden convivir juntos y amarse. No hay nada asegurado, excepto la libertad de querer amar a una persona determinada. Esta libertad puede durar toda la vida, en su voluntad de ser y estar, o puede evolucionar hacia otra parte, lo cual no dará una pareja de por vida. El futuro no está creado, se crea día a día, en el aquí y el ahora.
Es importante abandonar esos miedos ancestrales, esa conciencia limitada, que asegura la supervivencia y mata el amor. La consciencia vive con el amor y con el desarrollo del mismo, día a día, en el aquí y el ahora.
La herencia ancestral, sólo ocasiona caos, culpas, miedos, sentimiento de fracaso, de vacío, abandono, incomprensión, etc...
Cada lector que medite y reflexione, la dependencia busca culpables, o se auto-inculpa, se niega a si mismo/a, el derecho a un amor por voluntad y libre, en el aquí y el ahora, en el día a día, desde el equilibrio, entre hombre y mujer.
El ser humano no es un tiempo lineal, la biología, la materia si lo es, por lo tanto cada ser humano está sujeto a un tiempo: nacer y morir. Pero excepto este tiempo lineal, el ser humano siente y ama, en el tiempo interno, sin principio ni fin. No hay una edad determinada, ni formas determinadas para la consciencia y el amor. No existe un tiempo determinado para las experiencias multiples de la vida. Sólo la conciencia ancestral (domesticada) ha vivido el tiempo, en todas las facetas del ser humano linealmente.
El ser humano (hombre y mujer), debe tomar consciencia de que esta viviendo partes de un personaje que no le corresponden. Un personaje ancestral, que habita en su conciencia. Es una conciencia heredada de unos tiempos, que ya no corresponden a la sociedad moderna.


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